Cuando el sufrimiento se apodera de nuestro día a día.


¿Cuántas veces nos hemos visto envueltos en situaciones que nos generan un sufrimiento que parece hacerse eterno?


Situaciones que consumen toda nuestra atención, tiempo y energía, sea por el malestar que nos genera, sea por los numerosos intentos que realizamos para recuperar nuestro bienestar. Bienestar que, por momentos, logramos conseguir.



Sin embargo, de vez en cuando y sin esperarlo, nos encontramos nuevamente con el mismo resultado:


La situación sigue siendo la misma y, nosotros, seguimos sufriendo por las mismas causas.


En un principio, puede resultarnos difícil comprender qué ha sucedido. Sentíamos que estábamos avanzando y esperábamos que todo el esfuerzo que invertimos en poder sostener nuestro bienestar diera resultados. Pero, si nos detenemos a observar detenidamente, a veces llegamos a comprender que, a fin de cuentas, estábamos caminando en un círculo, en ese mismo círculo que nos llevó, una vez más, a encontrarnos en el mismo lugar.


A veces, estas situaciones nos mantienen durante días, meses, incluso años, padeciendo un mismo tipo de experiencia.

Esto sucede cuando las circunstancias ocupan el centro y nos encontramos a nosotros mismos en un lugar periférico. Y si las circunstancias ocupan el centro, significa que tienen valor y poder, ante lo cual nos sentimos pequeños, desvalidos y sin herramientas: es cuando nos invade la sensación de impotencia. Y, si nos sentimos impotentes, nada podemos hacer más que depender del curso que lleven las circunstancias.


En muchos casos, si nos permitimos reflexionar desde otra perspectiva sobre aquello que nos produce sufrimiento, podremos encontrar que nosotros mismos estamos eligiendo, consciente o inconscientemente, que lo externo tenga poder y valor. ¿Y de dónde se alimenta eso externo? De nosotros mismos: es nuestro propio poder y valor el que hemos cedido y hemos ubicado allí.


Lo cierto es que las circunstancias y personas que forman parte de nuestra vida siempre van a movilizar nuestras emociones. Y es necesario que así suceda.


Ahora bien, ¿percibimos nuestro malestar como como un resultado de las circunstancias, resultado con el que nada podemos hacer, más que padecerlo?


Para detectar si esto te está sucediendo, te invito a que pienses en alguna situación que actualmente te está provocando sufrimiento y, luego, te preguntes:

  • ¿Qué tipo de emoción me genera esta situación? (tristeza, enojo, rechazo, miedo, angustia, cansancio, etc.)

  • ¿Qué es lo que esta emoción me está indicando acerca del lugar que ocupo allí?

  • ¿Qué participación tengo yo en esta situación o este vínculo?

  • ¿Puedo hacer algo para mejorar esta situación sin ceder mi valor y poder personal? Si es así, ¿qué es lo que puedo hacer?

  • Si la única posibilidad de cambio que encuentro implica ceder mi valor y poder, ¿deseo hacerlo? Y si no deseo hacerlo, ¿qué es lo que me lleva a sostener esta situación?


Hacernos estas preguntas nos marca un rumbo diferente, nos permite desanclarnos del lugar pasivo de sufrimiento, abriéndonos a la posibilidad de la acción. De esta manera, comenzamos a ver a nuestras emociones como una herramienta, es decir, como indicadores necesarios que nos guían acerca de nuestro bienestar o malestar, y nos ayudan a detectar cuándo es necesario realizar un cambio.

Comenzar a ver las situaciones desde este lugar es sólo el inicio de un proceso profundo y complejo: el proceso que nos permite apropiarnos de nuestro valor y de nuestro poder. Este proceso no siempre será fácil, sin embargo, el comenzar a transitarlo nos permite experimentar una sensación diferente... el sufrimiento comienza a tornarse en libertad. Y esto sucede porque has comenzado a tomar el control de tus propias emociones, y no no sólo de ellas sino, especialmente, de tu propia vida.

¿Desde qué lugar estás viviendo tus emociones? ¿Te sentís atrapado en un círculo que te genera sufrimiento? ¿Creés que puede ser resultado de haber cedido tu propio valor y poder? ¿No encontrás el modo de recuperarlo? ¿Quisieras recuperarlo?


Espero que estas preguntas te ayuden a pensarte desde un lugar diferente.


Si lo deseás, podés compartir tus experiencias o dudas en comentarios.



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Personas Altamente Sensibles

Lic. en Psicología Leonor Cáceres

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 Córdoba - Argentina 

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