Evitar los conflictos: una solución que trae problemas.

Actualizado: ene 18


Si hay una tendencia que se encuentra frecuentemente en Personas Altamente Sensibles, es la de evitar el conflicto.


Situaciones donde, ante la posibilidad de disgustar a otra persona, preferís bajar la cabeza, hacés de cuenta que está todo bien (mientras tu interior grita que no), accedés a quedarte un rato más o a hacer un poco más de trabajo, brindás tu oído sin condiciones, aguantás con tal de que el otro se sienta mejor o a gusto. Mientras tanto, vos... bueno, después te la arreglás.


¿Algo de esto te resulta familiar?

Evitar la confrontación como característica personal puede tener diversos orígenes, pero a través del trabajo con PAS he encontrado dos motivos que destacan. Por un lado, modalidades vinculares aprendidas a lo largo de la vida, que tienen como resultado la necesidad de agradar o de recibir aprobación del otro, donde muchas veces se encuentra de fondo el temor a ser rechazado e, incluso, a ser reprendido. Por otro lado, la comparación con los demás, es decir, con ese 85% de la población que parece poder seguir los ritmos acelerados y sobresaturados que hoy por hoy propone la sociedad. De esto surge la suposición "si los otros pueden, yo también debería poder", lo que tiene como consecuencia la propia sobreexigencia.


¿Cuáles son las actitudes más comunes que encontramos en PAS para evitar el conflicto?


Muchas veces sucede que, simplemente, la persona anula su voluntad, acostumbrada a priorizar la voluntad de los otros. Como si la felicidad de quienes le rodean fuera más importante que la propia. En estos casos, la alta empatía hace su parte ya que, cuando no ha sido gestionada, es muy fácil perderse en las necesidades y deseos de los demás, sintiendo la ofensa o dolor que puede sentir el otro a partir de nuestra negativa o nuestro límite. Sin embargo, es importante tener en cuenta que, en este tipo de situaciones, damos por sentado que al otro se dolerá o se disgustará con nuestra posición. Lo cierto es que se trata sólo de una posibilidad entre varias. Y, en el caso de que esto resultara realmente así, es útil preguntarnos: ¿y quién se ocupa de mi dolor o mi propio disgusto?


También encontramos en personas altamente sensibles una forma de comunicación basada en insinuaciones e indirectas, en vez de decir efectivamente qué necesita, desea u opina. Esto puede tener como consecuencia que la PAS termine evadiendo personas o situaciones al sentirse sobrepasada por las circunstancias, pensando que no ha podido con ellas. Como también están los casos en que puede terminar enojada con los otros. Claro, el enojo nace de suponer que ese otro ha entendido el mensaje, considerándolo una obviedad, quizás por la propia facilidad para detectar necesidades ajenas, ya sea por el sólo hecho de ponerse en su lugar, o por poder interpretar fácilmente las sutilezas de la comunicación verbal y no verbal. Sin embargo, resulta útil tener en cuenta que no siempre el otro entenderá nuestra insinuación, o la entenderá pero, al encontrar que no es firme o determinante, la dejará pasar creyendo que no es tan importante para uno.


También encontramos casos en los que ciertamente no estamos seguros de qué es lo mejor para nosotros. Me refiero a los casos en los cuales nos hacen una propuesta. Solemos necesitar tiempo para poner en la balanza las ventajas y desventajas de aceptar o de rechazar la misma. Sin embargo, a veces, quien es altamente sensible accede rápidamente a la propuesta para evitar incomodar al otro o por no querer que se sienta rechazado. El problema surge cuando luego, meditando en mayor profundidad, encuentra que en realidad no es lo que desea hacer. Por este motivo, en estos casos es preferible ser honestos de antemano y hacerle saber que estamos interesados pero necesitamos pensarlo de todos modos. También, según el apremio que la persona tenga por una respuesta de nuestra parte, podemos definir un lapso de tiempo en el cuál se la daremos de forma definitiva. De esta manera, nos damos la necesaria posibilidad de procesar la invitación u oferta, mientras le hacemos saber al otro que valoramos su iniciativa y respetamos su tiempo.


El problema de evitar enfrentar las situaciones, no es sólo que se trata de una ilusión, ya que tarde o temprano el conflicto surge, y cuanto más se alargue, más difícil será su resolución. El problema mayor se da cuando, de tantas necesidades acumuladas y escondidas bajo la alfombra, llega el día en que ya no queda espacio para caminar. De repente, no das más. El cuerpo no te da, la mente no te responde, aparece la reactividad e irritabilidad y, de repente, pasás de "poder con todo", a "no poder con nada". Podríamos entenderlo como un autoengaño, porque lo cierto es que el cuerpo y la intuición dan señales de alarma y, si se llega a este punto, es porque fueron ignoraron en gran medida.


Por estos motivos, es importante aprender a responder de forma asertiva ante las circunstancias. El camino para lograrlo no es el mismo para todos. En el caso por caso, se encuentran particularidades personales que marcan el proceso. Asimismo, hay situaciones que implican un menor o mayor grado de complejidad y compromiso. Teniendo en cuenta esto, destaco algunas pautas generales que son de ayuda a lo largo de este proceso:


· El autoconocimiento: conocer tus necesidades y ritmos, tus preferencias y prioridades, y reconocer la importancia de respetarlas.

· Ser pacientes con vos mismo: tener presente que en cada nuevo intento, está la posibilidad de fallar.

· Actitud de aprendizaje: extraer lo positivo para implementarlo en una próxima ocasión, evitando la auto-crítica negativa.

· Gestionar la intensidad de las emociones y empatía: en la medida en que aprendas a reconocer tus emociones y relacionarte con ellas, tendrás mayor facilidad para responder de forma efectiva.

· Estar atento a las señales de tu cuerpo y a tu intuición: el cuerpo es sabio, las sensaciones y emociones que experimentás tienen un sentido y una razón. Aprender a descifrar estos mensajes ayuda a determinar cuándo es necesario frenar, y cuándo es oportuno trabajar con las razones que los motivan para poder continuar.


Pero, sobre todo, es importante mantener presente que aun cuando parezca imposible resolver una situación, siempre es posible encontrar una nueva salida. Y tu salud y bienestar son las razones que hacen que merezca la pena buscarla.

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Personas Altamente Sensibles

Lic. en Psicología Leonor Cáceres

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